Pequeño ensayo (minúsculo diría yo) escrito a principios de este año a raíz de nosequé discusión... realmente lo cuelgo para que os animáis a subir cualquier cosa que escribáis vosotros y queráis compartir, siempre será bien vista.
La cuestión es ¿qué es la virtud?. Yo no llamo virtud a la paciencia, la humildad, la templanza, la fortaleza, la prudencia... eso son rasgos del carácter, afecciones de él, pero virtud... ser virtuoso no es tener unos rasgos u otros. Incluso podría decir que una mala persona puede llegar a ser virtuosa en su propio sistema de referencia. No trato de ser relativista (es más, aborrezco a todo los que dicen "si le gusta a él...", "todo depende de cómo lo mires", "no hay cosas buenas ni malas..." ¡mamarrachadas! hay cosas buenas y cosas malas, no son buenas para unas personas o para otras, tan sólo pueden ser convenientes o inconvenientes, pero ese es otro tema.)
A donde quiero llegar es a decir que la virtud es un modo de comportarse de acuerdo siempre a unos principios, esa colección de prejuicios que se adquieren al cumplir los 18, como diría Einstein, pero en todo caso no se debe tomar la palabra "prejuicio" como una mala cosa, es más, la gente tiene prejuicios contra los propios prejuicios, pensando que siempre son algo negativo, pero los principios son algo básico en una persona, un marco de referencia por el que medirse, y siempre son un buen consuelo cuando te ves obligado a hacer algo "malo".
Los correctos organigramas de cada persona (le debo esa palabreja a Nuria) son los que la guían de forma que sea cada vez que se acuesta mejor que cuando se ha levantado ese mismo día. Y a eso y no a otra cosa es a lo que yo llamo Virtud (sí, con mayúscula). A tener la fuerza de voluntad necesaria para seguir siempre lo que sabes que debes hacer y no lo que más cómodo te resulte (y yo peco mucho de fallarme en ese sentido, el ordenador me coge demasiado tiempo). Pero ni horas de vagancia extrema pueden compensar la sensación de irte a la cama al final del día, aunque estés derrotado por el esfuerzo que te haya supuesto el desarrollo de todos esos principios, sea de forma moral, física o intelectual, a la hora de enfrentarte a los problemas que puedas tener con tus amigos, de superarte en cualquier deporte que hagas (siempre se debe hacer algún deporte) o sencillamente, aprovechando bien el tiempo a la hora de estudiar, leer, escribir o cualquier otra cosa similar.
Es algo similar a un texto que lei recientemente sobre la eutanasia, en que el autor la defendía basándose en que una buena muerte podía aliviar toda una vida de sufrimientos, asi cómo la extensa agonía podía teñir de un triste color grisáceo una feliz existencia. Quien ríe el último, ríe mejor, es algo parecido a eso.
Ayer mismo, no aproveché para nada el día. Por la mañana, el avaro de mi ex-gimnasio me destrozó los planes, por la tarde me eché en la cama a las cuatro y me quedé dormido hasta las ocho, viniendo aquí y luego salí, pero salí para nada, mejor habría hecho en seguir durmiendo hasta hoy y saltarme tan fatídico día.
Y ya me he desviado del tema. Al fin y al cabo, lo que quiero decir es que tengáis todos unos buenos principios, sólidos y a los que no falléis nunca. Que vuestra palabra sea vuestro mejor aval, y que seáis bien conocidos por ello. Que tratéis, como he dicho, de ser mejores personas cada día que volvéis a la cama, no hay nada tan bonito como poder dormirse con una gran sonrisa, sabiendo el deber complido. Si queréis ser horteras, podéis dejarlo en un "sigue a tu corazón", pero sin olvidar que no son las pasiones a lo que me refiero con ello, sino al Deber. Al puro deber kantiano. Haced lo que debeis hacer sólo por el hecho de hacerlo. No esperéis reconocimiento de ningún tipo, ni tan siquiera el vuestro propio, aunque lo obtendréis de todas formas.
Quizá otro día lo repase y lo haga mejor que hoy, lo siento por la heterogeneidad de algunas partes del texto.
Oh, y por supuesto, gracias a los pocos que lo hayáis leído, apuesto a que guardáis una buena porción de virtud en vosotros.
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“Dos cosas colman el ánimo con una admiración y una veneración siempre renovadas y crecientes, cuanto más frecuente y continuadamente reflexionamos sobre ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí."
Inmanuel Kant